A quien se siente llamado por El Señor a seguirlo por el camino monástico, la comunidad le ofrece su ayuda, mediante el siguiente  proceso de integración :

- Un tiempo de mutuo conocimiento a través de algunas estadías en el monasterio, espaciadas una de otra, y crecientes paulatinamente hasta una experiencia de tres meses continuos compartiendo la vida con los monjes. Este contacto entre la comunidad monástica y el hermano que toca la puerta del monasterio, aporta elementos valiosos para el discernimiento inicial.

- Después del tiempo dedicado a este discernimiento previo al ingreso, se inicia la etapa del postulantado que tiene un año de duración, y con el cual se comienza propiamente la experiencia monástica en forma continua compartiendo de lleno la vida con la comunidad.

- Con el rito de iniciación monástica se empieza el noviciado, que dura entre año y medio y dos años, tiempo dedicado al estudio de la Regla, la historia, la tradición y la espiritualidad del monacato, y que posibilita al hermano el discernimiento en orden al compromiso con El Señor mediante la profesión monástica.

- Al término del noviciado se hace, entonces, la profesión temporal, por tres años, tiempo éste en el cual se continúa el esfuerzo de profundización en las fuentes monásticas, y se atiende también a la formación teológico-patrística.

- Con la profesión solemne y consagración monástica se llega al momento del compromiso definitivo: Promesa de  vivir para siempre  como monje en el seguimiento de Jesús. En la Regla de S. Benito leemos: ”El que va a ser admitido, prometa  delante de todos en el oratorio estabilidad, vida monástica y obediencia” (RB 58,17). Este compromiso incluye los tres votos tradicionales (castidad, pobreza y obediencia)  y todas las demás implicaciones de la vida del monje, tal como son señaladas en la Regla y como las ha subrayado la tradición monástica. La estabilidad significa la vinculación a la comunidad y la radicación en el monasterio para toda la vida.



Llegados a este punto, vale la pena aclarar lo siguiente: El monasterio no es una casa de formación sacerdotal. El hermano que ingresa viene a ser monje, a vivir “tomando por guía el Evangelio”, como nos dice S. Benito desde el prólogo de la Regla, en el ritmo de vida anteriormente descrito. Todos los hermanos de la comunidad reciben igual formación monástica y teológica, con las necesarias adaptaciones a las posibilidades y al proceso de vida de cada uno. Cuando la comunidad ve necesaria la presencia de otro hermano sacerdote, llama a la ordenación presbiteral a cualquiera de los monjes en quien, después de ponderado discernimiento, se perciben signos claros de vocación para el ministerio ordenado. Los monjes-sacerdotes  viven su ministerio al interior de la comunidad monástica, y su ordenación no fundamenta ningún régimen de excepción en cuanto a observancias se refiere, al contrario, de ellos dice S. Benito que han de dar a todos mayor testimonio de humildad. El hermano que ingresa debe discernir, pues,  con mucha claridad desde el comienzo sobre su libertad interior frente a toda “expectativa sacerdotal”.